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    Reflexión del cosmos

     

     

      douesnard8

     

     

     

                                          hoy podría ser un día negro o azul,

    podría paliar bajezas o construir esquemas,

    podría llorar maldades, y de furia llenar anaqueles.

     

    Pero no consigo  atenuar este deseo

    de comerme a trozos cuadrados,

    lo que el destino me estuvo sisando

    cada lunes por la mañana.

     

     

    Lucho para que el silencio no golpee la boca

    como una aldaba rota que duele en las entrañas.

     

     

    Un segundo de desesperanza.

     
     
     Copia de folliet1
     
     
     

    Solo me resta el no hacer nada,

    quedar a la espera de la euforia.

    Cantaré nanas a la ira que amenaza

    con estrangular mis arterias.

    Invento teoremas,  cuento dudas con

    los dedos.

    Imagino un final blanco, impoluto,

    en el que las verdades no oscurezcan

    los venideros.

    Mientras tanto....

    Solo queda...

    Mantener las manos,  firmemente cerradas.

     

     

    Aprieto los dientes contra el espejo,  porque tarde o temprano

    se desdibujará la imagen doble que danza sin ritmo ni compás.

     

    Jactancia intolerable

     mordiendo palabras

     

     

    Soy un león vegetariano,

    y aún así,  dime,  si mirándome a los ojos.

    Te doy miedo...

     

     

    Muerte anunciada

     
     lepore35
    A veces,  solo a veces,  se me adelanta la palabra impropia y furibunda.
    Esa que no mata con las manos como el verdugo que vive en casa.
    Esa que no permite el dominio del perdón,  la undécima vez que dice basta.
    Esa,  que arrasada en lágrimas espera pacientemente que un día en vez de
    golpes sean caricias y que tarde o temprano cambien los mediodias.
    Pero esperar se torna huraño y de tanto en tanto el miedo se  apacigua y
    los verbos salen a puñados.
    Y la suerte llega silenciosa…
    Esta noche ya no habrá más llantos,  ni más gritos ni mas avisos.
    Será una Eva más en una estadística malvada.
     
     
    En el léxico de mi vida no hay traducción correcta para el amor con golpes,
    la conclusión de tan somera y sencilla me desconcierta.
     
    “En el corazón de algunos hombres no hay mas que miedo,  y de miedo
    se disfraza la locura para alzar la mano”
     
     
     

    Grito mudo

     

      lepore32

     

    Yo no quiero ser presa del cierre de tus ojos y la cerradura de tu corazón.
    Pero preparo el duelo de tu huida, para que quizás la seda de mi agonía
    premonitoria embadurne tus pies de cemento y te impida la pisada.

     

    Si llega ese momento escribiré:

     

    Hoy es día ninguno del mes de lamento.
    Hace mil quinientas pulsaciones que morí
    pero aquí sigo,  sosteniéndole la cabeza
    al diablo perdedor.
    Exhalando hálito de desesperanza
    de lluvia calina que abrase
    esta línea desdibujada que es hoy
    mi memoria.
     
     

    Boqueando a veces

     
     
     
     
     

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                    Si no vengo con el apremio escondido a esta orilla.

                       No es porque el motivo se pinte de gris brumoso.

                       Sino que el sedimento se hace metal precioso

                       y se saborea la copa hasta la médula de los hallazgos.

     

                       No me tengas por pasiva en mis entregas,

                       porque al hartazgo no llegaré jamás desgranando

                       la nota que me tiñe las manos.

                       Te imploro la parcela que me corresponde como dos,

                       que no es ni mas ni menos que la mitad de la tuya.

     

       Y en el verde absoluto de mi interior,  cabalgan trazos rojos junto a mi boca.

     
     

    Contienda desigual

     trillon3
     
     
    Este periodo de entreguerras, en que la calma es solo relativa,
    donde las lanzas son palabras y hay quien las utiliza como daga
    de filo mortal en este periplo de manchas oscuras.
    Y me sigue doliendo el costado en esa latitud cercana al corazón,
    porque hay momentos en los que me consigue rematar la faena
    con el golpe verde de la ira y la mezquindad.
    Que terrible ignorancia se guarda bajo el felpudo de la memoria,
    donde las macabras huellas del olvido nos perfilan un futuro
    poseído por la mueca vagabunda.
     
    Deseo el olvido mas que nada. 
    Deseo el silencio.
      
    Como me cuesta caminar en línea recta sabiendo que estoy ebria
    de tragos amargos y de golpes con efecto.
     

    En la trastienda nadie escucha

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    Vengo a presentar quejas contra la vida.
    A solicitar audiencias completas para beatificar los segundos que me aprietan
    como grilletes, que hacen del ahogo una muerte inacabable.
    Si.  a esto vengo....
    A presentar mis contiendas especificadas con tajos en las palmas de las manos,
    en los saltos de mis entrañas,  en el dolor de mis oídos por frases de queroseno.
     
    Y en la trastienda nadie escucha...
     
    Deben de vanagloriarse los maniquíes,  porque en el silencio de los escaparates
    tienen todo el tiempo del mundo para pensar en los giros de la existencia.
    Y sin embargo parodian sin cábalas  la humanidad con la estática y el mudo
    abandono del que somos tan asiduos los mortales.
     
    Y al parecer no hay nadie que tenga el coraje gatuno de vivir en mi garganta.
     
     
     
     

    Seres imperfectos

     

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      Que hacer contra el miedo,  si este nos ataca con dientes de goma,
      y con cucharillas de plata rasca el borde al corazón.
      Nadie nos enseña.  Porque venimos con el lastre de la duda, 
      la maleta cargada de pasos atrás y mirillas repletas de vistazos.
      Necesitamos aprender la ruta idónea,  quizás contando estrellas,
      con voz confiada que nos indique donde se encuentra la alcancía
      repleta de verdades, donde se perfila la carretera sin curvas,  y la
      línea sin estrechez,  en la que no monte guardia la agonía del yerro.
      Sin la guía del cariño,  la confianza ciega,  los pasos adelantados,
      el romper silencios.
      Todo eso no perdurará y seguiremos ladeando la cabeza hacia el lado
      equivocado.
     
      Si para salvar las distancias hay que dar tres pasos..... 
      los míos no son de barro.
     

    Espásmos y vértigos.

    mino5
     
     
    El demonio se metió  hoy bajo mi cama,  comió pelusas,  miedos y gemidos.
    Y mientras tanto yo,  vestida de Alicia me miraba en el espejo del cuarto de
    invitados,  esperando un conejo para tomar el té.
    Volví corriendo y pude ver como se escabullía en el armario a la espera del
    próximo capítulo.
     
    Y yo esperaré pacientemente.  tarde o temprano tendrá que salir a comer...
     
    (En los armario viven las oscuridades mas adversas,  esas...  que de vez en
    cuando se meten en las maletas)
     

    Sin sustento.

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    Te perdí hace tres días, 
    y ni con un caminito de piedras
    he sabido  encontrarte.
    En la diástole regresaste solo.

     

    Si amordazo

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    Si amordazo al aire,
    quizás no me deje palabras en el regazo como flores,  o como armas cargadas.
    Y es porque no puedo darle cuchilladas verbales, esdrujularlo o mecerlo en mis
    rodillas, apenas se vislumbra y se empeña en evitarme la mirada.
    Sigo el  avance de la estación con voz callada. Porque en el filo de la palabra
    susurrada caigo, sin atinar.
    Y es que recorro con los dedos las letras, como ciega de tanto mirar, y en la
    exactitud de la expresión,  yerro. Colocando volutas donde debieron ser capiteles.
     
    Quizás debiera amordazar las palabras
    Porque hay días en los que  se suicidan cortándose el cuello con páginas en blanco.
     
     
     
     

    Redescubriendo.

     

     
     
    Marzo llegó abrasando, 
    quemando vivos a los transeúntes
    con perfume de lluvia indisciplinada.
     
    Esta noche tocan ilusiones en el sopor de los cócteles
    y el viento dormita en las terrazas de los bares.
    Empapadas mañanas. Noches inconclusas.
    No recordaba la pausada mella, 
    de Marzo en mis andares.
     
    En el aire se subastan palabras,
    se vociferan penachos de sabiduría
    El sabio amanecer arrastra frases interminables
    con costra salina.
    Bla, bla, blás sin sentido.
    Ahora me doy cuenta del valor en el acento ternura
    que golpea la sílaba corazón.
     
     

    De sólido a gaseoso.

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    Ya no somos uno que busca bocas, ya no somos uno que andaba
    en  presente imperfecto, cojeando de melancolía entre la
    impudicia de otros sentimientos.
    Ahora somos uno mas uno, y el resultado no es matemático.
    Es un logaritmo de almas resueltas.
     
    Porque ya no somos peces de colores dentro de un mirador de gatos.
    Porque la madrugada ya no cansa en búsquedas del desastre.
    Ya no hay ni suspiros erráticos,  ni fantasías animadas. 
    Ahora somos una sola pisada,  y un solo cerrar de puertas.
    Sin murmullos....  sin ecos....
     
    ahora somos una mirada entre dos luces,  un ciclo lunar perfecto.
    La mecha de una voladura y un sinfín de instantes salvajes.
    Porque ahora somos un silencio legítimo,  y un solo crepitar.
    Ahora somos lo que somos.
     
    Y antes éramos huérfanos,  y fagocitábamos ilusiones.
     

    Y aún así, soy libre de balancearme desde la altura de mis tacones.

    En la sombra

     

    Si luce o no luce el sol....

    Yo me encuentro bajo esta sombrilla malhumorada,  en este letargo invernal,

    en esta pérdida de tejados.

    Aún no estaban maduras mis pertenencias cuando con la llegada de un nuevo

    calendario,  la helada tirantez de los miedos acunó de noche mis ojos.

    Vivo a dos sonrisas y tres lágrimas,  vivo en el más absoluto de los silencios,

    vivo entre puertas numeradas,  vivo y aunque no vivo, respiro.

    Me revelo ante la vida y la muerte,  me declino al lado impreciso, porque no quiero....

    Porque no permito que me timen con letras pequeñas.

     

    Me siento a la luz de las farolas y contemplo mi sombra que quiere morderme.

     

     

    Donde hay costuras hay pensamientos

     

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    La costurera seguía menguando la cicatriz en el paño,  diminutas puntadas añadían
    el cierre a la preciosa tela, y mientras ella digería un silencio tras otro, recorría con
    la punta de los dedos el rastro y pensaba que: Tras la puntada el equilibrio es breve,
    y podemos acabar en un lecho de flores marchitas con la vista perdida en el oriente.
    Revoloteaban estos mínimos pensamientos a su cabeza, parecidos a diarios viejos
    en una calle desierta,  porque la tediosa tarea del remate le provocaba la sensación
    de estar caminando sobre lápices de colores, hilvanando la domesticidad en la que
    no acababa de encontrarse.
    Y es que la costurera persuadía a los alfileres,  atándolos con hilo amarillo para evitar
    que se deslizaran por los baldosines.  Más de una vez le marcaron el paso con su
    metálica y maléfica punzada. Más de una vez el sueño se aprovechó del momento y
    ellos se le escurrieron por las entrañas. 
    Paró por un segundo la labor,  y a lo lejos oyó como los segundos entrechocaban.
    El reloj de una sola manecilla marcaba las 8.
     
    Vuelvo a casa,  se dijo,  mirándose los pies.
    Vuelvo a casa, donde mi perro come amapolas, mi cocina está embaldosada de silencio,
    y las puntadas se convierten en palabras.
     
     
    Y mañana, con los ojos llenos de perfume,  regresaré a cerrar cicatrices.  
     
     
     

    Reflexión

     

     

    Yo no sé porque esta ansia de componer líneas,

    será que siempre me queda algo por decir.

     

    Siente el fragmento roto de rostro huraño,

    ese que se ha tornado radiante, milimétrico. 

    Ese que ha visto el colmo rebosar por el borde

    de las vestiduras.

     

    Que pierde el norte de las circunferencias,

    que pide sonrisas a los peces.

     

    Diéresis compleja,  enfatiza sabores,  culmina

    caricias.

     

    ¿Enajenado estoy?

     

    Doy pasos inversos al esquema,

    porque me pierden los ojos.

    Y permuto malditas memorias

    por roces longevos.

     

    Y todavía no encontré la respuesta...
     
     

    De palabras, sones y bailes

     
     
     
    Se me antoja que las palabras son símiles de  notas musicales. 
    Y llegado el momento,  iniciamos la pretenciosa tarea de lustrar
    nuestros zapatos para semejante hazaña.
    Intentando seguir el ritmo previsto,  con la nota-palabra precisa.
    Comenzamos por un tres por cuatro sencillo y ligero.  Me-gus-tas”
    puede que fluidamente se deslice la palabra entre la blandura
    húmeda de la lengua, amedrentado a veces,  dulce y sutil otras.
    Seguimos con la métrica. Con la danza silábica conseguida.
    Una sonrisa aflora, se aligera el paso,  se relaja la inflexión.
    Y el atrevimiento se expande,  con ese criterio seguimos a la 
    siguiente tropelía de pasos,  conjuntados en un “be-sa-mé”,
    inciertos en el coro y en el estribillo perdemos una frase.
    Pero se va afinando,  creando el compás almibarado,  la danza
    de frases con cadencia de alma.
    Y entre son,  como de bolero se escucha un “te-qui-ero”.
    Y el corazón inicia la mas exquisita de las melodías,
    el retumbar de los anhelos, la sílaba que cimbrea
    en la boca al pronunciar su nombre...
    Y sin más silencios,  eso es música.

    La obligatoriedad de vivir.

     
     
     
     
     
     
     
     

    Y hubo días en los que morí,

    pero me levanté para no llegar tarde.

     

     

    Paseo otoñal

     

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    hoy caminarás con pañuelos atados a las manos,  páginas en blanco
    te perseguirán soñadoras,  prestas a esconderse en la mangas suaves.
    No tienes prisa por pisar las mullidas alfombras de la duda y transcribirlas
    en esta estadía.
     
    La luz intermitente del sol anuncia nubes voraces que mutilan rayos, y te
    preguntan por el mañana,  tú persigues con la vista los pájaros errantes
    antes de detenerte por completo a la espera de que los colores cambien
    una vez más.
     
    Bordando razones en pedazos de papel,  transcurren los días,  ya quedan
    menos,  se diluyen los efectos,  y tras la cristalera el calor reconforta,
    protegida por el impermeable de la opacidad diaria.
    Y aquí te quedaras a la intemperie,  hasta que la luna meriende estrellas.